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Sentados en la sala

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Sentados en la sala, besándonos con escondidas emociones pasamos la noche sin vacilación, éramos capaces de hablar durante horas, y besarnos sin que ni el uno ni el otro sintiera deseos de hacer algo más pero, pasadas la horas de hablar y hablar, en mis pensamientos la desnudaba, quitaba sus vestidos y la besaba hasta hacer que su piel oliera a mi saliva, hasta hacer que en medio de sus suspiros, profundos, dijera mi nombre entre cortadas silabas ¡ca..m…!, y que su piel se calentara hasta quemar mis manos juguetonas. Siempre volvía del ensueño cuando mi mente llegaba hasta su más profunda piel y dormía por fin apoyando mi cabeza en su pecho, suave y palpitante. Cada momento junta ella mientras la beso, la adorno con palabras y la rebajo hasta mi más intima arrogancia; cada momento junto a ella hace de mis labios mantequilla, de mis ojos espejos, de mi piel agua, de mi lengua sal... cada momento se hace cada vez más intimo, más animal; cada momento hace mi instinto una razón para devora...

Una batalla de piel

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La luz de la habitación se había apagado en un instante y los dos quedamos atónitos sin poder vernos frente a frente mientras nos besábamos; mis manos curiosas no dejaban de subir y bajar entre aquel relieve de piel y vestidos; mi piel se encendía poco a poco hasta hacerme delirar de fiebre, y solo me refrescaba cuando ella pasaba su lengua entre mi cuello y subía hasta mis labios, sucesivamente; la habitación seguía oscura, solo destellaba la poca luz mortecina de las lámparas de la calle, y nuestros cuerpos ardientes se fueron quedando sin prenda alguna a medida que se blandían nuestros cuerpos por ganar; el viento voyerista entraba por las ventanas levantando un poco las cortinas. Los deseos incesantes de nuestros cuerpos eran encendidos a través del movimiento cada vez más fuerte; el sudor bajaba por la sienes de nuestras cabezas y nuestros besos eran cada vez más profundos; dos cuerpos enlazados y confundidos entre las sabanas, cobijas y almohadas, librando la batalla de la piel…

Movimiento entre olas de pasión

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Los cansados amantes recostados en la cama, sonrosados y sudorosos, habían pasado la noche entre cantidad de besos lanzados sobre cada parte de sus cuerpos, saciados al borde del abismo del goce eterno, y un cántaro de pasión roto por ventanas de pieles. Notaron lo tardío de su despertar y corrieron juntos a la ducha sin darse cuenta de su desnudez, sin mitigarse por pudores; dándose un baño, salieron tratando de recordar sus nombres. Vieron dispersas botellas de vino en el suelo y afanados por la hora, tomaron cada uno un taxi en direcciones contrarias. La habitación alquilada para la maquinaria del amor, quedo helada, tratando de rejuvenecer con cada suspiro dado por la mujer, y con cada gemido de aquel hombre sufrido entre las sabanas de la cama. Sobre la mesa de noche, estaba un celular; la mucama había encontrado aquel objeto empañado. Lo dejo en la recepción y esperaron a que regresaran por él; a los días la voz de un joven intrigado por aquel aparato, y por su paradero, convino ...

Canción de mi muerte

Los sonidos de la noche confesaban a mis oídos las angustias de mi alma, un tormentoso destino se conspiraba frente a mis ojos cuando paso el proyectil fusilante, dejando tirado este cuerpo sobre el asfalto. En un intermitente zigzagueo de las luces se acaparo el sentido del olvido entre mi sien; mi único recuerdo fue entonces tu voz melancólica que repetía sin cesar el día y la hora. Jamás supe por qué lo hacías, pero estaba convencido de la malicia de la muerte, tus labios rosados conquistaron mis pupilas, distraídas viéndote encima, bajaron hasta las inclinaciones de tus pechos pálidos, y mis fuerzas enmudecieron al saber que bebías de mi boca el aire comprimido de mis pulmones. Los días siguientes pase las noches pensando en el día y la hora; un ángel de la muerte había tomado de mi alma el suspiro de la vida necesitado para continuar su trabajo hacia las luces rojas y azules de la ambulancia, hacia los tirados en las calles y los muertos en vida de una ciudad agotada de blandi...

Azul cruel

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La mirada lasciva se poso ante el vestido azul, la cabellera larga y negra, y sus ojos crueles, inconfundibles de mujeres llenas del perfume de la seducción. Inerme mi cuerpo sucumbió, sacudido por la música mi alma se lleno del propósito de conocerla. Su caminar delicado, una conspiración hacía mi sangre arder y en la noche brillaba la luz plata participe de la función del placer de mirarla donde el alcohol sugestivo en la insinuación de mis palabras alcanzó la fundición del destino. En el baile mi mirada se e ncontraba con la suya interrumpida por cuerpos nebulosos. Al termino, nuestra presentación se hizo en una canción al ritmo de su cintura, y nuestras miradas por fin se encontraron cerca, sus ojos intensos llenos de un pasado peligroso y una alegría reclusa por la pasión. Su voz insinuante casi producía la sensación de una caricia causal; y tenia esa mirada involuntariamente amorosa y voluptuosa que turba a todos los hombres y enciende de improviso la hoguera de los deseos. La ...

Una noche inesperada

¡Sorpresa! Mi cuerpo vacilante se encontraba acostado al lado de una mujer que quise desde mucho tiempo atrás, y sin que supiera el por qué, en la noche nuestros cuerpos se habían fundido entre las suaves sabanas que nos acobijaba; Inhóspitamente nos unimos entre besos prendidos, suaves caricias que encendieron la sangre que circulaba entretejidas por nuestras pieles y las respiraciones entrecortadas por blandos gemidos que erizaban el alma. El placer había sido el tema días antes, combinados por el deseo y el sentido de la vida; discutíamos acerca del futuro entre aciertos y desaciertos sobre el amor, la felicidad ilusoria, y la dicotomía de un sistema engañoso. Nada se cruzo por la mente noches antes en la cuales solíamos arreglar nuestros caminos y el del mundo entero. El cine nuestro mayor deleite y las salidas acompañadas por el alcohol daban riendas a largas retahílas de incomprendidas vidas como las nuestras. El pasado conjugado por un presente turbio, lleno de miedo y de salida...